Por DiMaggio Abreu
Los Tigres del Licey acaban de poner fin a su participación en la versión 2025-26 de la pelota otoño invernal dominicana sin poder avanzar de la serie regular, dejando una sensación lastimera, con un personal envejecido y una gerencia que no parece tener respuestas en los momentos álgidos.
El sótano ocupado en esta ocasión, por la falta de empuje ofensivo, parece más desgarrador que el de la mediatizada campaña a 30 juegos de la pandemia (2020-21) y no fue peor que la 2010-11 (17-32 en ganados y perdidos) porque Gigantes, Estrellas y Leones también tuvieron campañas mediocres.
Pero lo que podría venirle encima a la enseña bengalí, si no hay una reingeniería profunda en todos sus estamentos incluido en la mentalidad de los directivos, es parecido a lo que sucedió en el segundo lustro de la década de 1960, cuando tuvieron una trilogía de sótanos sucesivos: 1966-67, 1967-68 y 1968-69.
No creemos que el emblemático capitán Emilio Bonifacio tenga la osadía de retornar en activo, luego de su miserable temporada a sus 40 años, con un average que osciló en la línea .100 y que en los últimos tres juegos elevó unos puntos, con sus únicas tres vueltas impulsadas en 90 turnos, así como una defensiva precaria, marcada por el irrespeto a su brazo.

Es por Bonifacio, como ejemplo, por donde debe comenzar la renovación en el campo para tener calidad moral de prescindir de elementos que ya no pueden demostrar más su improductividad como Luis Barrera, Arístides Aquino, Domingo Leyba, Michael de León y un Sergio Alcántara que desde 2022 está demostrando que ha dejado de ser imprescindible con un notable desgaste ofensivo como defensivo.
Desde la Gerencia de Operaciones se muestra un desgaste que, obvio, se muestra en el terreno, comenzando por adquisiciones como las de Esteury Ruíz y Liover Peguero, que mostraron debilidad ofensiva y hasta defensiva con el segundo; Amed Rosario, que nunca ha jugado en la liga y parece no querer hacerlo; así como Willy Castro, que hace lo normal entre quienes están bien posicionado en MLB.
Si bien a la gerencia que preside Audo Vicente hay que reconocerle que para el principio de temporada hizo contrataciones de importados que debían aportar ofensiva, como Griffin Conine, Jordan Lawlar, Víctor Labrada (todos batearon muy por debajo de la “Línea de Mendoza”; más un Armando Álvarez que no se explica cómo lo dejaron hasta el final, banqueando, con la nulidad que mostró ante lanzadores diestros.
El plan “B” o segundas contrataciones fue un fracaso con Luis Campusano y David Hensley. El último tomó la deriva de protestar pitcheos, poncharse sin hacer swing con corredores en bases o tirándole a lanzamientos malos. Para Hensley y Álvarez no se encontró sustitutos, pero tampoco ante la partida del único importado que funcionó, Cal Stevenson.
La contratación de lanzadores importados para la rotación fue a los García Márquez, la Crónica de una muerte anunciada, con los desechados de otras franquicias Paolo Espino y Cameron Gann y el propio Nico Tellache para unirlos a los cuarentones César Valdez y Radhamés Liz, con un único brazo joven, Albert Abreu.
Con la gerencia actual del Licey pasó lo mismo que en una anterior, que se evidenció una especie de cansancio en hacer segundas contrataciones y dejaron morir el equipo por inanición.
En cuanto a la cúpula de la organización, ha sido muy tacaña a la hora de acudir a la agencia libre, dejando que otros se lleven jugadores de cartel para esta liga y este año han pagado el precio.
Si bien les funcionó el atraerse a Gustavo Núñez y Cristian Adames, éste no tenía muchos pretendientes ni estaba llamado a ser la figura preponderante que resultó.
Sin embargo, “Pichito”, “el Chamo” como Mel Rojas Jr. tuvieron que cargar un peso excesivo en el …
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