Por DiMaggio Abreu
Ningún foro presidencial, económico, turístico o evento del deporte mundial alguno realizado dentro o fuera de nuestras fronteras ofreció un relumbrón tan inmenso a la República Dominicana como el que provocó el equipo nacional del Clásico Mundial de Béisbol 2026.
Desde el primer partido de exhibición disputado el 3 de marzo en nuestro legendario Estadio Quisqueya Juan Marichal ante una escuadra de los Tigres de Detroit, con el protagonismo de Juan Soto y Manny Machado que jugaban por primera vez en suelo patrio, y durante toda la participación del equipo, se irradió un fervor a lo nacional (diáspora incluida), que se extendió por todo el orbe beisbolero.

Y el motivo principal de tal jolgorio por lo dominicano, a través de su equipo, no fue otro que la pasión, entrega, dedicación, hermandad y formas de celebraciones mostradas por nuestros protagonistas, reflejo del entusiasmo con que se entregaron a la defensa de los símbolos quisqueyanos.
Parecía irreal que atletas con contratos de los más encumbrados del gran negocio del béisbol de las Grandes Ligas estadounidenses como Juan Soto (US$765 millones), Vladimir Guerrero Jr. (US$500), Manny Machado (US$350), Fernando Tatis Jr. (US$340), Julio Rodríguez (209.3 asegurados, que podría alcanzar los 350mm), Ketel Marte (US$116.5 millones) y un joven de gran proyección $$ como Junior Caminero, así como el equipo completo, se entregaran a la causa con tanta pasión, sin mostrar egos inflados, tanto, que parecían niños pobres disfrutando juguetes de ricos en Día de Reyes.
Todas esas actitudes y aptitudes de nuestras estrellas del béisbol crearon una efervescencia nacional y en la diáspora dominicana y hasta provocó elogios a lo internacional dentro del béisbol, incluso de figuras como Barry Bonds y Derek Jeter y de parte del entorno beisbolero latinoamericano.
Incluso trascendió más allá del béisbol. En redes sociales encontramos vídeos con personas desdeñando la relativa pasividad del béisbol respecto a otros deportes como el fútbol, pero visualizando el contraste que ofrecía el conjunto dominicano con sus acciones, las cuales inducían a esas personas a retomar el gusto por el béisbol.
Un video de la comentarista Adelaida Hernández desde el LoanDepot Park, de Miami, mostró cómo los jugadores de Corea del Sur salieron a admirar las prácticas de bateo del conjunto dominicano previo al choque de cuartos de final.
Esto nos dejó la idea de que en la pata de primera ronda del Clásico correspondiente a Asia disputada en Japón llegaron los ecos de la exhibición de bateo y la pasión desplegada por los nuestros en la primera ronda americana.
Tras lo dicho, solo nos resta argumentar, que lo único que estropeó la posible llegada de la portentosa selección dominicana a la final del Clásico 2026 fue la draconiana medida asumida sobre la marcha por Major League Baseball (MLB), de “decretar” que las favoritas Estados Unidos y Japón solo podrían enfrentarse en la final. Sin esa “trampa” decidida de forma hegemónica (por no utilizar el término correspondiente en Geopolítica), RD no iba a chocar en semifinales con EE. UU, fase en la que eventualmente nos eliminó.
Aparte de admirar y felicitar a nuestros jugadores por tan soberbia demostración en todos los sentidos, al cuerpo técnico, encabezado por el dirigente Albert Pujols; y a Nelson Cruz por asumir de manera admirable como gerente el mandato de la Federación Dominicana de Béisbol y su titular Juan Núñez; nuestras últimas líneas son para el conjunto de Venezuela.
Nos satisfizo sobremanera el triunfo final de nuestra hermana Venezuela, que sin nadie brindarle el aliciente del favoritismo, en cuartos pasó por encima del tricampeón y defensor del título, Japón; en semifinal superó a la gran sorpresa que fue Italia; y finalmente, ante el supra favorito, Estados Unidos.
El único escollo que Venezuela no pudo salvar fue el de República Dominicana en la primera fase. Pero sus jugadores, igual que los nuestros, ofrecieron una exhibición genuina del fervor y la pasión del juego del béisbol del Caribe.
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